Los cuentos son caminos llenos de magia que nos llevan a los lugares más insospechados de nuestro corazón.
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lunes, 27 de noviembre de 2017
La mujer y el León
Se decía que en una aldea en Etiopía, un hombre y una mujer, viudos, aunque jóvenes, deciden formar juntos una nueva familia. Pero hay un problema, el hombre tiene un hijo de corta edad, que no ha superado aún la muerte de su madre. Ésta le prepara los platos especiales, le confecciona bonitas prendas y se comporta, siempre amablemente con él, pero el niño, ni siquiera le dirige la palabra.
La mujer acude al hechicero:
-¿Qué puedo hacer para que mi hijo me acepte como madre?
-Me has de traer tres pelos del bigote de un león - le dice el sabio a la mujer.
La mujer se va preocupada, preguntándose cómo le podía sacar tres pelos a un león sin ser devorada, pero decide intentarlo por el bien de su familia.
Cuando al fin encuentra al león, guarda una distancia prudencial, temerosa de acercarse. Permanece largo rato observándolo de lejos.
La espera se hace interminable hasta que la mujer decide ofrecerle comida. Después de acercarse un poco más le deja un pedazo de carne y se aleja. Y cada día hace lo mismo.
Poco a poco, el león se acostumbra a la presencia de la mujer, hasta que ésta pasa a formar parte de su vida. Un día, cuando el león está dormido le arranca tres pelos del bigote sin problemas.
Pero antes de llevarle los pelos al hechicero comprende que su problema está resuelto:
HA HALLADO EL VALOR DE LA PACIENCIA.
Como el león, debe acercarse al niño poco a poco, esperando fielmente, respetando su actitud y su territorio... hasta conquistar su corazón con su paciencia.
Cuento Etíope
lunes, 7 de agosto de 2017
La tienda de la Verdad (Jorge Bucay)
— Dime, Jorge, existe en casi toda la gente la idea de que todo el mundo necesita terapia, yo sé que tú no estás de acuerdo, y creo que ni siquiera consideras necesaria la terapia indiscriminada. Pero ahora me pregunto: ¿Cualquiera se puede beneficiar de transitar un proceso terapéutico?
—Sí.
—¿Cualquiera?
—Digámoslo así: a cualquiera que quiera beneficiarse, podría serle útil.
—Pero, ¿por qué alguien podría no querer beneficiarse?
—Anthony de Mello cuenta un cuentito maravilloso que me parece que podría ayudarnos en esta búsqueda:
El hombre caminaba paseando por aquellas pequeñas callecitas de la ciudad provinciana. Tenía tiempo y entonces se detenía algunos instantes en cada vidriera, en cada negocio, en cada plaza. Al dar vuelta una esquina se encontró de pronto frente a un modesto local cuya marquesina estaba en blanco, intrigado se acercó a la vidriera y arrimó la cara al cristal para poder mirar dentro del oscuro escaparate... en el interior, solamente se veía un atril que sostenía un cartelito escrito a mano que anunciaba:
Tienda de la verdad
El hombre estaba sorprendido. Pensó que era un nombre de fantasía, pero no pudo imaginar qué vendían.
Entró.
Se acercó a la señorita que estaba en el primer mostrador y preguntó:
—Perdón, ¿esta es la tienda de la verdad?.
—Sí, señor, ¿qué tipo de verdad anda buscando: verdad parcial, verdad relativa, verdad estadística, verdad completa?
Así que aquí vendían verdad. Nunca se había imaginado que esto era posible, llegar a un lugar y llevarse la verdad, era maravilloso.
—Verdad completa –contestó el hombre sin dudarlo.
“Estoy tan cansado de mentiras y de falsificaciones”, pensó, “no quiero más generalizaciones ni justificaciones, engaños ni defraudaciones”.
—¡Verdad plena! –ratificó.
—Bien, señor, sígame.
La señorita acompañó al cliente a otro sector y señalando a un vendedor de rostro adusto, le dijo:
—El señor lo va a atender.
El vendedor se acercó y esperó que el hombre hablara.
—Vengo a comprar la verdad completa.
—Ahá, perdón, ¿el señor sabe el precio?
—No, ¿cuál es? –contestó rutinariamente. En realidad, él sabía que estaba dispuesto a pagar lo que fuera por toda la verdad.
—Si usted se la lleva –dijo el vendedor— el precio es que nunca más podrá estar en paz.
Un frío corrió por la espalda del hombre, nunca se había imaginado que el precio fuera tan grande.
—Gra... gracias, disculpe... –balbuceó.
Se dio vuelta y salió del negocio mirando el piso.
Se sintió un poco triste al darse cuenta de que todavía no estaba preparado para la verdad absoluta, de que todavía necesitaba algunas mentiras donde encontrar descanso, algunos mitos e idealizaciones en los cuales refugiarse, algunas justificaciones para no tener que enfrentarse consigo mismo.
“Quizás más adelante”, pensó...
—Demián, no necesariamente lo que para mí es beneficioso, lo es también para otro. Puede suceder y es justo que así sea que alguien crea que el precio de cierto beneficio sea demasiado costoso. Es válido que cada uno decida qué precio quiere pagar a cambio de lo que recibe, y es lógico que cada uno elija el momento para recibir lo que el mundo le ofrece, sea la verdad o cualquier otro “beneficio”.
Yo no encontraba nada para decir.
Y Jorge agregó:
—Hay un viejo proverbio árabe que dice:
“PARA PODER DESCARGAR UN CARGAMENTO DE HALVÁ LO MÁS IMPORTANTE ES TENER RECIPIENTES DONDE GUARDAR EL HALVÁ”. con la sabiduría y con la verdad pasa lo mismo que con el Halvá...
Jorge Bucay
martes, 11 de julio de 2017
El vendedor de rosquillas
Cuenta la
historia de un hombre que vendía unas rosquillas deliciosas al lado de una
carretera. El negocio iba viento en popa, tanto, que ni oía la radio ni leía
los periódicos. Tampoco hacía demasiado caso a la televisión. En verano vino a
visitarle su hijo, que estaba haciendo un posgrado en Ciencias Empresariales, y
le dio una noticia: “Padre, ¿usted no escucha la radio ni lee los periódicos?
Estamos sufriendo una enorme crisis. Esto se hunde.” El padre pensó: “Mi hijo
tiene estudios, está informado y sabe de lo que habla.” De modo que compró
menos ingredientes y de inferior calidad para reducir su producción de
rosquillas. Las ventas fueron disminuyendo día a día y al cabo de poco tiempo,
empezó a sufrir pérdidas. El hombre llamó a su hijo a la universidad para
decirle: “Tenías razón, hijo. Estamos inmersos en una crisis muy grande.”
"Tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes, estás en lo cierto."
Henry Ford
Etiquetas:
crecimiento personal,
fuerza de voluntad,
miedo,
oportunidades,
pensamiento positivo,
Sé tu mismo,
sigue tu camino,
tu puedes
jueves, 15 de junio de 2017
Una Joya Única
Cruzando el desierto, un viajero inglés vio a un árabe muy pensativo, sentado al pie de una palmera. A poca distancia reposaban sus camellos, pesadamente cargados, por lo que el viajero comprendió que se trataba de un mercader de objetos de valor, que iba a vender sus joyas, perfumes y tapices, a alguna ciudad vecina.
Como hacía mucho tiempo que no conversaba con alguien, se aproximó al pensativo mercader, diciéndole:
- "Buen amigo, ¡salud!... pareces muy preocupado. ¿Puedo ayudarte en algo?"
- "¡Ay!", respondió el árabe con tristeza. "Estoy muy afligido porque acabo de perder la más preciosa de las joyas."
- "¡Bah!", respondió el inglés. "La pérdida de una joya no debe ser gran cosa para ti, que llevas tesoros sobre tus camellos, y te será fácil reponerla."
- "¡¿Reponerla?!... ¡¿Reponerla?!", exclamó el árabe. "Bien se ve que no conoces el valor de mi pérdida."
- "¿Qué joya es, pues?", preguntó el viajero.
- "Era una joya, como no volverá a hacerse otra. Estaba tallada en un pedazo de piedra de la Vida y había sido hecha en el taller del Tiempo.
Adornábanla veinticuatro brillantes, alrededor de los cuales se agrupaban sesenta más pequeños. Ya ves que tengo razón al decir que joya igual no podrá reproducirse jamás."
- "A fe mía", dijo el inglés, "tu joya debía ser preciosa. Pero, ¿no crees que con mucho dinero pueda hacerse otra igual?"
- "La joya perdida", volviendo a quedar pensativo, "era un día, y un día que se pierde... no vuelve a encontrarse."
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